Hernández está en la cárcel. Ha recibido
una carta de su mujer en la que le dice que muchos días no hay para
comer más que cebollas. Y a su hijo, amamantado con "sangre de
cebolla" (verso 10), le escribe unas "nanas", cuya composición
parece insinuarse en otra carta a su mujer, fechada el 12 de septiembre de
1939: "Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación,
cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes
me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de
mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche." Estas son las célebres
"nanas":
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Desea proteger Hernández, en estos versos, la alegría
inocente del niño. Subrayar -con referencia explícita a los
versos correspondientes- dicho eje temático que vertebra todo el poema.
Comentar la fuerza humana y el arrebato emocional con que
están escritos estos versos.
¿Qué mensaje encierran los dos últimos versos
de la composición? (O, dicho de otro modo: ¿por qué quiere Hernández
que su hijo no sepa "lo que pasa / ni lo que ocurre" en España?).
Justificar el tipo de versificación elegida: la graciosa
seguidilla.