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de Educación
que más interés ha despertado en la sociedad española ha sido la propuesta
de un Pacto de Estado social y político por la educación. Dos preguntas
nos surgen inmediatamente: ¿por qué? y ¿para qué? es necesario ese Pacto
que reclama no sólo el Ministro, sino la propia sociedad.
Aunque la
educación española ha mejorado notablemente en estos treinta años de democracia,
los indicadores que publican los informes internacionales manifiestan
una situación preocupante. Las tasas de fracaso escolar y las de abandono
temprano en los estudios sitúan a España en los últimos lugares de los
países desarrollados, la violencia en los centros está produciendo una
desmotivación del profesorado para el ejercicio de la docencia que está
poniendo en peligro la viabilidad del sistema a no muy largo plazo. La
descentralización educativa completada al final de la década de los noventa
del siglo pasado suponía un importante paso cualitativo en la mejora de
la enseñanza. Sin embargo, la carrera de las Comunidades Autónomas por
avanzar, sin contar con las demás, y la dejación de funciones del Ministerio
de Educación han posibilitado que se estén configurando en España diecisiete
sistemas educativos diferentes y competitivos entre sí. Todo ello ha dado
como resultado una profusa y cambiante legislación nacional y autonómica
que ha introducido una inestabilidad propiciando la escasa rentabilidad
del sistema.
De lo dicho
sacamos en consecuencia que en los treinta años que llevamos de democracia,
las fuerzas políticas parlamentarias no han sido capaces de llegar a acuerdos
básicos sobre la educación. Para CSI-F la razón principal de esta situación
está en que los partidos que han gobernado nuestro país durante este tiempo
no han considerado la educación ni como un asunto de Estado, ni como tema
estratégico del Estado.
Durante este
periodo ha habido acuerdos de Estado en el empleo, en Justicia, en el
tratamiento de la violencia de género, en infraestructuras, en Sanidad,
en pensiones, y otros. Sin embargo, resulta curioso echar la vista atrás
y ver que el único acuerdo sobre educación que se ha llevado a cabo durante
este periodo corresponde a los Pactos de la
Moncloa en el año 1977. Este Acuerdo propugnaba “la gratuidad de la enseñanza
mediante la construcción, equipamiento y atención a los gastos de funcionamiento
y de profesorado de los puestos escolares que se incluyan en el Plan Extraordinario
de Escolarización de 40.000 millones de pesetas. A tales efectos se crearán
400.000 plazas de Educación General Básica, 200.000 nuevas plazas de Educación
preescolar y 100.000 nuevas plazas de Bachillerato Unificado Polivalente
durante 1978. Se estudiarán, de cara al Presupuesto de 1979, las medidas
que tiendan a la adecuada retribución del profesorado; se considerará
la gratuidad total de servicios de comedores y transporte, en los niveles
de enseñanza obligatoria, cuando se impongan como necesarios para los
alumnos de concentraciones escolares”. Es decir, nos tenemos que remitir
al periodo preconstitucional para encontrar un acuerdo sobre educación.
Un acuerdo que significó, probablemente, la mayor acción pública sobre
la educación pública del periodo pre y constitucional. Teniendo en cuenta
que el acuerdo se firmó en medio de una gravísima crisis económica y social,
sorprende que sevdesarrollara el programa más ambicioso de nuestra reciente
historia en lo que se refiere a la construcción de centros públicos y
plazas de profesorado de la enseñanza pública.
Numerosas leyes
Esta falta
de acuerdo político en educación no ha impedido que durante este periodo
los legisladores hayan aprobado numerosas leyes educativas con el único
punto en común de hacerlo sin el consenso necesario para la estabilidad
del sistema. Cada partido, al llegar al poder, aprobaba su ley educativa
que salía adelante con el voto en contra del principal partido de la oposición.
Así se aprobó la LODE que anulaba la LOECE . La LOGSE llevaba al cuarto del olvido a la
LGE, que a su vez era retirada por la
LOCE. El último capítulo de esta fallida historia lo escribió la
LOE que envió al infierno a la
LOCE. Claro, esto dicho así no parece trascendente. Pero si pensamos que
cada ley conlleva un importante conjunto de Decretos, de Órdenes Ministeriales,
de renovación del curriculum, de nuevas pautas de programación, de nuevas
formas de evaluación, etc, comprenderemos el hastío que todo esto ha causado
tanto en el profesorado, como en el alumnado así como en las propias familias.
El resultado
de esta política consistente en utilizar la educación como herramienta
electoral para la caza de votos de los incondicionales nos ha llevado
a la actual situación. Una situación que coloca al sistema educativo español
por debajo de la media de los países de la OCDE y a la cola de los países de nuestro entorno
social y económico y, lo que es más importante, un sistema que no sirve
a las necesidades de la sociedad española para el momento actual. Durante
estos treinta años de democracia los indicadores de la sociedad española
en sanidad, infraestructuras, consumo, producción económica y bienestar
social han situado a España entre los diez países más desarrollados del
mundo. Sin embargo, en educación ocupamos el puesto treinta. Esta es la
verdadera situación y esto es lo que tenemos que tener en cuenta a la
hora de tomar decisiones, la diferente evolución de la educación y el
resto de indicadores modernizadores de la sociedad española. Por eso,
cuando oímos esas voces que culpan del mal momento de la educación al
atraso precedente, creemos que lo único que están haciendo es tratar de
justificar su propio fracaso que nos quieren trasladar a todos los españoles.
Por todas
estas razones necesitamos un Pacto de Estado por la Educación. Un pacto que suscriban
el mayor número de fuerzas políticas, pero para el que es imprescindible
que sea apoyado por los dos principales partidos del Parlamento español,
PSOE y PP. Pero, este acuerdo que tiene una importancia estratégica para
la sociedad española, tiene que estar acompañado de la firma de otros
muchos actores de la comunidad educativa entre los que no pueden faltar
los Sindicatos de Enseñanza de la
Mesa Sectorial Nacional, entre los que se encuentra CSI-F. Estos sindicatos
llevan la voz del profesorado y no pueden faltar a la cita porque entonces
estaríamos construyendo un edificio sin la solidez que requiere el sistema.
Estatuto Docente
Aunque ya
hace tiempo que los responsables nacionales y autonómicos reconocen el
papel central del profesorado en la rentabilidad del sistema educativo,
la realidad es que es mucho más lo que dicen que lo que hacen. Dos ejemplos
nos sacarán de dudas. El Estatuto Docente es una vieja aspiración del
profesorado para ordenar su situación jurídica así como para implantar
medidas que consideramos imprescindibles, como la prórroga de la jubilación
LOE y la regulación de la carrera profesional. Sin embargo, y a pesar
de las declaraciones de unos y otros la realidad es que ni con el anterior
equipo del Ministerio, que no tuvo la fuerza ni valentía de poner en un
papel las propuestas que nos dijo de boca, ni el actual, que prometió
un borrador en breve, pero a día de hoy nadie sabe nada de él.
Otro punto
fundamental para el profesorado es la eliminación de la violencia de los
centros. Aquí ocurre una cosa bastante curiosa. Es verdad que las Administraciones
han puesto manos a la obra para resolver la conflictividad y los casos
graves. Es verdad que en estos casos graves se ha producido la intervención
inmediata de Administraciones y Fiscalía. Los casos graves se han reducido
notablemente y el profesorado y nosotros estamos satisfechos de la atención
recibida. No obstante, existe otro tipo de conflictividad, lo que en CSI-F
denominamos de “baja intensidad” (nos congratulamos de que cada
vez más gente utilice el término que fue puesto en valor por nosotros)
refieriéndose a los pequeños actos de indisciplina que ocurren todos los
días y en todos los centros de enseñanza de este país, con mayor incidencia
en la Secundaria. Insultos leves, desobediencias,
desprecios, descalificaciones, etc, que no suscitan titulares y, sin embargo,
son la principal causa, tanto de las bajas médicas por depresión, como
de la desmotivación del profesorado. A pesar de lo que decimos, que sin
duda es conocido por las Administraciones, hasta el momento, este tipo
de violencia no ha recibido la atención por parte de los responsables
educativos y, lo que es peor, no se ha diseñado ningún tipo de respuesta
para su eliminación. La única herramienta puesta al servicio del profesorado
es anotar una falta de disciplina en el expediente del alumno infractor,
aspecto que suele ser tomado con muy poca seriedad en el alumnado por
su escasa traducción en algún tipo de respuesta punitiva contra él.
Por tanto,
un Pacto de Estado que tenga en cuenta no sólo al profesorado, por la
importancia que tiene en el desarrollo del sistema, sino también tiene
que tratar otros temas como:
- Inversión
educativa. La inversión educativa debe crecer hasta alcanzar, en un periodo
razonablemente corto, el 7% del PIB. Las diferencias en este momento con
la media de la OCDE son
de 1,1% del PIB español. Aunque reconocemos que no todo se resuelve con
más inversión pública, es evidente que mientras tengamos estas diferencias
será difícil que salgamos de los últimos lugares que ocupamos.
- Apuesta
por la enseñanza pública. Hay que apostar por la escuela pública. La política
seguida por todos los gobiernos de olvidarse de la escuela pública y potenciar
las redes alternativas, es una de las causas que nos ha llevado a la situación
actual. Deben de asumir, ya de una vez por todas, que de esta situación
sólo nos sacará la escuela pública, pero para eso necesita los apoyos
que ahora no tiene, y, sobre todo, hay que evitar que se convierta en
el elemento residual del sistema. Desgraciadamente, la privatización avanza
de forma continua con los gobiernos de todos los signos, porque creen
de forma errónea que la concertación es mucho más barata. Esta forma de
concebir la educación constituye una política suicida del Estado a largo
plazo.
- Fomento
de la convivencia y disciplina en los centros educativos. Es necesario
establecer una serie de medidas encaminadas a la eliminación de la violencia
en los centros docentes, tanto el acoso o bullying entre los alumnos,
como la dirigida hacia los profesores y otro personal del centro. Todos
los informes publicados hasta la actualidad señalan que la violencia probablemente
sea el principal problema de la educación española. Especialmente hacemos
referencia a la que en CSI-CSIF denominamos violencia de baja intensidad
que es la más frecuente, la más difícil de corregir y la que
más afecta al profesorado, tanto en el desempeño de la profesión como
en lo que se refiere a su salud. Nosotros aseguramos
que “donde hay violencia no hay educación”. Para conseguir este
objetivo resulta absolutamente imprescindible el reconocimiento del profesorado
como autoridad pública en el ejercicio de la docencia y superar la ignorancia
de quienes confunden autoridad con autoritarismo.
- Reforma
de las Enseñanzas Medias. El principal tramo de baja rentabilidad del
sistema lo constituyen las enseñanzas medias. Erróneas ideas para organizarlas
y la introducción de la comprensividad han llevado a este tramo a una
situación de desorientación, que lo están convirtiendo en el lastre del
sistema y donde se concentra el mayor porcentaje de fracaso escolar. Desde
la reforma del bachillerato, para ir hacia uno que comprenda tres cursos
escolares, pasando por la reforma de la
Secundaria Obligatoria para introducir mayores dosis de flexibilidad como
reconoce el propio Ministro, hasta impulsar la Formación Profesional
para conseguir mayores cuotas de formación laboral, y que los alumnos
que dejan el sistema educativo para incorporarse al mercado laboral, sin
duda revertirá en conseguir que abandonen más tarde, pero sobre todo,
mejor preparados, es una tarea que no podemos dejar pasar mucho tiempo.
- Atención
a los tramos de Infantil y Primaria. Debe haber consenso en la consideración
de tramo educativo a la Educación Infantil para lo que es necesario potenciar la oferta de
plazas públicas en el primer tramo, dotar de profesorado titulado de los
Cuerpos Docentes y buscar la manera de coordinar estos centros con los
de titularidad pública.
Para que todos
estos cambios sean posibles es necesario un cambio de paradigma en el
proceso enseñanza-aprendizaje: el respeto al profesor y a los compañeros
como principio básico para la creación de un buen clima de trabajo necesario
en el proceso enseñanza- aprendizaje, la consideración del esfuerzo como
un valor necesario para conseguir las metas y objetivos que se plantea
el ser humano, la recuperación del ejercicio de la memoria como factor
positivo en la formación integral del alumnado y, finalmente, la valoración
de los contenidos como base de la formación académica del alumno.
Para concluir
esta reflexión, diremos que para CSI-F el Pacto aportaría al sistema una
estabilidad que ahora no tiene, sería una garantía de que, ante cualquier
cambio de gobierno, los temas incluidos en el acuerdo quedarían al margen
de la lucha partidista. Un acuerdo que no constituye un fin en sí mismo,
sino que es una herramienta de trabajo para superar la situación de atraso
que experimenta nuestra educación; una herramienta que sirva tanto a la
superación de las desigualdades de origen como a la modernización de la
sociedad española.
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