Esta sección está abierta a todos aquellos profesores que realizan trabajos de innovación en el aula, unidades didácticas, proyectos interdisciplinares o que pongan en marcha nuevos métodos de aprendizaje en clase. Los textos, de una extensión máxima de tres folios, deben llegar en disquete a COMUNIDAD ESCOLAR (Alcalá, 34. 6ª planta. 28071 Madrid), o a nuestra dirección de correo electrónico.

Carné de clase por puntos

Un centro cántabro implanta esta modalidad en un aula de Primaria como técnica auxiliar de modificación de conducta

Esta experiencia se llevó a cabo en un aula escolar de sexto curso de Primaria del colegio público “Nuestra Señora de Latas”, de Somo (Cantabria), con alumnado cuyo comportamiento había evolucionado negativamente curso a curso “por una serie de desafortunadas circunstancias”. La experiencia consistió en implantar el “carné de conducta por puntos” para reconducir esa situación.

Lo llamamos “el carné de clase”. Se optó por esa fórmula ya que el carné de conducir por puntos se acababa de divulgar en los medios de comunicación y eso hacía conocer a los alumnos automáticamente lo que implicaría en el aula.
Aunque la coyuntura divulgativa y social del momento facilitó el objetivo propuesto, la base que justifica este particular carné es distinta de la que subyace al carné de conducir presentado por la Dirección General de Tráfico. Se ha seguido el modelo de modificación de conducta que se basa en los principios de condicionamiento operante.
La técnica es una variante de la que en inglés se denomina “token economy”, “sistema de vales o puntos”. Si bien, los puntos no se adjudicaban sistemáticamente y el objetivo no sólo era que los canjearan, sino también que los pudieran hacer valer a la hora de conseguir prioridad en ciertas actividades y situaciones. En el anexo III se detallan más privilegios que los puntos les podían otorgar.
Con esta colaboración se pretende compartir una herramienta que ha demostrado su eficacia, para que sea de utilidad a cualquier otro docente que se encuentre en una situación similar y necesite ideas sobre cómo intervenir ciertas conductas de indisciplina en clase. No obstante, hay que dejar claro que no es una receta mágica que vaya a solucionar todos los problemas. La implicación del docente y cierto rodaje en su implementación favorecen que se logre el objetivo. Aplicarla sin más, sin realizar las modificaciones oportunas según el tipo de alumnado y el contexto, sin ver la posibilidad de contar con otros docentes o las familias, sólo abocaría todos los intentos al fracaso. 
La adaptación al aula exige realizar modificaciones a la propuesta original, pues la mera penalización y pérdida de puntos no resulta efectiva ni motivante para el alumnado. Ello conlleva el riesgo de que en pocos días gran parte del grupo pierda el carné y se sientan frustrados. Verían en el carné un castigo y, en muchos casos, les daría igual recuperarlo, pues volverían a perderlo en poco tiempo. Hay que tener “un tira y afloja” a la hora de hablar de puntos. Es mejor ignorar comportamientos poco significativos y sólo penalizar aquellos realmente problemáticos. También hay que enfatizar que se deben reconocer todos los logros no importa cuán pequeños sean. Esto es muy importante cuando se empieza. Ya quedará tiempo de exigir más. Verse reconocidos socialmente en el grupo y, además, premiados con puntos es lo que les “engancha” a este sistema.

Procedimiento y criterios

El grupo elaboró consensuadamente sus propias reglas de convivencia en el aula y centro. Las redactaron y colocaron en la corchera de clase.
El delegado era el encargado de llevar una lista marcando y contabilizando los puntos de cada uno, además de tener la facultad de poder quitar puntos en ciertas ocasiones.
Todos los niños y niñas partían de 10 puntos. Podían perder puntos individualmente por no tener turno para hablar, interrumpir, molestar, no hacer tareas, etc., y podían perderlos grupalmente cuando eran bastantes los implicados a la vez en un comportamiento: media clase hablando de golpe, levantados sin permiso, corriendo en los pasillos, etc.
Paralelamente, también se les proponían situaciones de grupo para ganar puntos colectivamente, si todo el grupo se esforzaba en conseguir lo pactado.
El último día de la semana, aquellos que no habían perdido puntos individualmente eran recompensados con puntos extra que añadían a los que ya tenían.
Más de 10 puntos significaba estar en lo que se llamó terreno positivo. Estos alumnos serían los que, además de participar en cualquier actividad, podían canjear sus puntos extra, en cualquier momento, por una serie de recompensas que más adelante enumeraremos en el anexo I.
Menos de 10 puntos significaba estar en terreno negativo y eso implicaba que tales alumnos no  participarían en ciertas actividades o que su participación se vería limitada según se determinase.
La pérdida de esos 10 puntos conllevaba el no poder participar en clase ni en las actividades de grupo hasta que se recuperaba el carné. En casos extremos o reincidentes, se le pedía al alumno o alumna que se dirigiera a una zona de la clase separada del resto donde sólo trabajaría individualmente. Previamente, se acordó con el grupo una serie de tareas para poder recuperar el carné (Tráfico exige la realización de un curso y examen, ¿verdad?). Esas tareas fueron cuentas de matemáticas, redacciones de lengua e historietas en inglés. Se fijó que cada vez que se perdiera el carné aumentarían las tareas tantas veces como el número de veces que se fuera perdiendo. Una vez hechas, recuperaban el carné y se reintegraban en el grupo con 10 nuevos puntos.

Respuesta del alumnado

A medida que el grupo iba respondiendo positivamente, se subiría “el listón”. Entonces la pérdida de puntos se subía de uno a dos para los mismos hechos, mientras que los puntos por las recompensas se mantenían igual. Ahora los podían perder más rápidamente. Este aspecto hay que explicárselo bien, pues los niños y niñas asocian subir el listón tanto con penalizar con más puntos como con recompensar también con más puntos. El caso es que si se recompensa con más puntos, ya no se sube el listón; pues es más fácil recuperar lo perdido. El objetivo que tienen que entender es que deben conservar los puntos e incrementarlos, no perderlos y decir que ya los recuperarán.
También se recompensaban otros aspectos con puntos como la buena presentación del cuaderno, la realización de trabajos voluntarios, esforzarse en corregir las faltas, usar el diccionario, etc. El anexo II enumera más comportamientos que eran recompensados. Es importante resaltar que, en este caso, solo se premiaba lo positivo y aquellos que no cumplían los objetivos, simplemente, no recibían nada. Únicamente se reconocía de cara al grupo aquellos trabajos hechos con especial esmero o actitudes especialmente positivas. Estos puntos no eran asignados sistemáticamente, sino aleatoriamente. Es decir, cuando se observaba que los niños y niñas realizaban esas tareas por conseguir puntos, entonces, se asignaban unas veces sí y otras no. Entonces se trataba de hacerles ver que tenían que realizar los trabajos bien hechos por la satisfacción y responsabilidad de hacerlos bien, no sólo por conseguir puntos.
Cuando el carné se puso en práctica, se acordó con el alumnado que perderían un punto por cada situación mejorable y que ganarían otro por aquellas merecedoras de reconocimiento. Al final de la semana, además, los que no perdieran puntos individuales serían recompensados con dos puntos extra. Durante la semana también se procuraba reconocer circunstancias individuales y grupales positivas con un punto. Habitualmente cada niño tenía la posibilidad de ganar hasta dos puntos extras diarios como recompensa por su implicación en clase, seguimiento de las reglas del grupo, realización de tareas, etc. Aquellos que no perdían el carné cada mes, también eran recompensados con dos puntos extra al finalizar el mes. Si bien, se echaba a suertes si el mes en cuestión era recompensado o no.
Al finalizar el primer trimestre, se observó una gran implicación por parte del alumnado. Hasta tal punto fue positiva la evolución, que el segundo trimestre se les ha felicitado por todos los logros que han conseguido. Ahora debían plantearse un nuevo reto. Subir más el listón, como hacen los deportistas. La siguiente meta era más exigente: perderían dos puntos cada vez y continuarían ganando lo mismo.
De continuar el progreso así, la siguiente meta sería o bien subir el listón a tres puntos y, finalmente, prescindir del carné. Para entonces cada niño debía haber alcanzado un nivel de respuesta que le permitiera funcionar autónomamente sin el apoyo de los puntos ni la necesidad de estructurar parte de su vida académica dentro del aula y en el centro. A partir de ahora ellos debían demostrar que eran capaces de tomar decisiones acordes con su edad y las expectativas puestas en ellos.

José Luis García González
Maestro en el CEIP "Nuestra Señora de Latas" de Somo (Cantabria) y profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Cantabria.

ANEXO I

Los puntos que superaran los 10 iniciales, los podían canjear por las siguientes cosas que fueron consensuadas con el grupo:
-Salir antes que el grupo de clase (2 puntos)
-5 minutos libres en clase para escribir, leer, pintar, decorar la clase, etc. (2 puntos)
-Pase para poder presentar una tarea con hasta dos días de retraso (3 puntos)
-10 minutos para utilizar un juguete personal como un mp3, videoconsola, etc. (4 puntos)
-Pase para no hacer una tarea un día y en una asignatura (6 puntos)
-Pase para estar exento de un control tanto oral como escrito (10 puntos)
-Pase para compensar un suspenso en un control (12 puntos)
-Pase para subir un punto en la escala de las notas un criterio de evaluación al finalizar el trimestre (16 puntos)

ANEXO II

Circunstancias que eran habitualmente recompensadas con puntos:
-Cuidar la presentación de la tarea y la caligrafía.
-Revisar la ortografía y usar el diccionario.
-Cambiar de asignatura ordenadamente y sin alborotar.
-Esperar, más o menos, en su sitio y en silencio la presencia del docente, si fuera el caso.
-Pintar y decorar los trabajos.
-Buscar información extra sobre cosas comentadas en clase.
-Realizar trabajos voluntarios.
-Gestos positivos de cara al grupo o sus compañeros y compañeras.
-Esforzarse en hacer aquello de lo que eran capaces, independientemente de si la actividad había sido bien hecho o terminada. Este criterio se aplicaba con aquellos niños que presentaban alguna dificultad de aprendizaje o necesidad educativa. Cualquier actuación en esta línea era recompensada con más frecuencia que en el caso del resto del grupo.

ANEXO III

Los puntos acumulados, estar en terreno positivo o no haber perdido el carné daban acceso a una serie de privilegios como los siguientes:
-Elegir sitio en clase.
-Elegir compañero o compañera para trabajo en parejas.
-Elegir grupo de trabajo.
-Elegir temática de trabajo e incluso tareas.
-Sugerir actividades y temáticas de trabajo para la clase.
-Prioridad a la hora de jugar en determinadas zonas del patio.
-Grado de participación en otras actividades desarrolladas en el centro.

 

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